textos
Un día pintaste un arco iris y lo seguí, desde entonces pensé que era el único camino que podía seguir. Esperé que al final del camino se encontrara una sonrisa, y caminé y caminé, pero ni siquiera me miraste a la cara. Te recordaba diciéndome, sigue intentándolo, como las frases de aquellos regalos de los cereales que nunca estas seguro de querer conseguir pero que te desilusionan una vez tras otra. Y seguí intentándolo, hasta que te convertiste en obsesión más que en premio. Una sonrisa no era un regalo, era un trofeo, a la persistencia, a la perseverancia. Un regalo a aquél que había hecho lo imposible y había recibido su merecido.
Y hubo un día que dejaste de merecer la pena, y mi paso se hizo más tranquilo y lento. Donde había kilómetros, solo quedaron pasos. Donde había ganas aparecieron dudas. Y mi senté en un banco de tu camino de baldosas amarillas y saqué mi paquete de tabaco. Tranquilamente, como no había hecho en meses, saqué mi cigarrillo, lo acaricié con los dedos y lo llevé a mi boca. Allí estaba, con mi cigarro encendido, con los codos apoyados en las rodillas, observando mis zapatos destrozados por el camino. Y el arco iris empezó a desaparecer. El amarillo se hizo asfalto, el azul del cielo dejó de ser bonito.
Las dudas comenzaron a ser algo más que dudas, se convirtieron en miedo antes de que mi cigarro llegara a prender las letras. Pensé en levantarme y seguir mi camino, pero ya no había tal. Un simple parón en el camino había hecho desvanecer todo. Ya no habría sonrisas, ya no habría cosas que seguir intentando. Saque de nuevo mi paquete de tabaco, era más fácil encontrar un cigarro que una solución. Una chispa y volver a inhalar, no había mucho que decidir.
- Hola
Levante la mirada y te vi sentada junto a mí. No sabía de donde habías aparecido. Quizás lo hiciste mientras protegía el cigarrillo del aire, quizás siempre estuviste allí esperando a que me distrajera.
- Que pasa, ¿estás cansado?
- No, no es eso, solo quería hacer un alto en el camino. Podría seguir, pero necesitaba un momento para tranquilizarme.
- ¿Adónde te diriges?
A tu sonrisa siguiendo el arco iris. Pero no es lo que quieres oír. No me creerás y me dirás de nuevo sigue intentándolo.
- No lo sé, simplemente no lo sé. Un día empecé a caminar y ahora he parado. Un día empecé a buscar y ahora me he dado cuenta de que olvidé lo que buscaba. Quizás solo tengo que alzar la mirada y tratar de encontrar mi camino. Simplemente es que estoy un poco desorientado.
En ese momento cogiste mi cigarro a punto de consumir y le diste una intensa calada. Te miré sorprendido y pude ver como cerrabas los ojos al inhalar el humo. Vi el punto rojo iluminarse en medio de tus labios. Vi desaparecer tu rostro tras el humo y aparecer de nuevo. Y encontré lo que buscaba.
- ¡Lo he encontrado!
- ¿Qué?
- Estaba buscando tu sonrisa, siguiendo el arco iris. Ahora sé que no era la forma en que debía hacerlo. Durante todo el tiempo estuve andando sin descanso, obsesionado contigo. Pero en ningún momento me di cuenta de que tu me seguías a la distancia, cautelosa, observando mi camino. Sé que mi obstinación no me dejó girarme y ver que lo que buscaba no estaba al final, sino conmigo. Que tu no eras una meta, eras el trayecto. No eras el fin del camino, eras el durante. Y cuando me paré y apareciste supe que no seguía tu ritmo. Que mi error era que no te buscaba de la forma en que tu querías ser encontrada.
Una lágrima bajo tímida por sus pómulos, y al llegar a sus labios la recogió una sonrisa. Cogí su mano, que descansaba tímida sobre sus rodillas, la acaricié y, mientras me miraba sorprendida, le devolví la sonrisa. En ese momento nos levantamos, cogidos de la mano y pintamos un arco iris. Uno nuevo, ni suyo ni mío. Y comenzamos a caminar, sin importarnos a donde íbamos a llegar, ni cuando. Nada había que buscar cuando todo lo habíamos hecho al encontrarnos.
y esperó a que el sol le cambiara la piel
y un escarabajo descendió de los cielos para decirle
-tu eres la mujer elegida
-¿elegida para qué?
-para tener un hijo mío, te prometo que no te dolerá
y ella al oir la proposición se puso colorada y le dijo:
-amablemente mi señor escarabajo, yo simplemente pretendía enrojecer mi piel bajo este sol y ya lo he conseguido, ahora tengo que marcharme
el escarabajo escuchó amablemente y después levantó el vuelo, comprendiendo que hay gente que con un color al día tiene suficiente
- Hola
- Hey, ¿qué tal?
- Bien, supongo. Recibí tu relato
- Ah, ¿sí? ¿Que te pareció?
- Me gustó mucho, la verdad es que me sentí muy identificada.
- Vaya, me alegro de que te gustara.
- Es más, ¿podría pedirte un favor?
- Por supuesto, ¿qué es?
- Que te vayas a la puta mierda
- ¿Qué? No lo entiendo
- ¿Cómo que no lo entiendes? No es tan difícil
- Espera, ¿cómo que no es tan difícil? Vienes aquí, me dices que mi relato te encantó, que te sentiste muy identificada, y acto seguido me dices que me vaya a la puta mierda, ¿y esperas que lo entienda?
- ¡Precisamente por eso! ¿Cómo no quieres que me sienta identificada? Escribes una puta historia, me colocas de centro, y sólo esperas que te diga eso, que me siento identificada. Era lo que querías oír, y por eso te lo dije.
- Espera, ¿qué te coloqué en el centro? ¿Has entendido bien el relato? Que yo sepa, no hay nada de ti en él.
- Claro que lo hay, no te hagas el tonto. Hay de mí en cada en una de tus palabras. Es cómo si dijeras que no hay nada de ti en la historia que escribiste. No soy tonta, yo también he escrito, y por eso se que me estás utilizando en tus historias. Y por eso estoy harta.
- A ver, a ver. Estás molesta porque me pueda haber basado en ti para mi historia, pero ni siquiera sabes si realmente lo he hecho. Sólo piensas que estás porque formas parte de mi vida. ¿Acaso esperas que saque las historias de la tele? Me es mucho mas fácil sacar las cosas de lo que tengo cerca, y de todas formas, yo no consideraría que te he utilizado.
- En serio, ¿sigues sin verlo? A veces no eres tan listo como aparentas ser. Lo que me jode de todo esto es que me utilizas en la vida real y lo disimulas bajo tu estúpida fachada.
- ¿En la vida real? En serio, esto ya es muy fuerte.
- Lo haces. Lo haces, y cada día. Lo haces con tu jodida actitud de voy a hacer feliz a todo el mundo, lo de que bueno soy, que bueno quiero ser. Con tus silencios por las mañanas. Con tu actitud de perdedor. Con callarte las cosas.
- Joder, pero ¿qué te ha dado hoy conmigo?
- Encima vas de víctima. Mira tío, una cosa es que pienses en mi como una musa para tus papelitos, y otra cosa es que te calles las cosas que piensas sobre mí y luego me las escribas en una historieta. Por más que las rellenes de arco iris y de las mariconadas esas que tanto te gustan, lo haces mal tío.
- ¿Y qué pasa si no son las cosas que pienso realmente?
- Pero,¿ y si lo son? ¿Qué esperas, que yo esté con tus textos y diga, esto es verdad, esto no lo es? Las cosas no funcionan así y, sobre todo, cuando lo que haces es estar hablando conmigo y después desaparecer tras tu ordenador y traerme eso, como si hubiera surgido de la nada. Esperas siempre que no te entendamos, que creamos que eres simple, tranquilo, que a veces estás más que empanado y luego traes los textos para que podamos ver que no eres tan gilipollas como pareces después de tres canutos.
- ¿Y qué pasa si es mi forma de ser? Lo siento, pero no considero mis textos tan importantes como para ir por ahí de intelectual pedante, ni voy a dejar de hacer lo que me apetezca cuando vuelvo a mi ordenador.
- Ese es tu problema, es que realmente no se si es tu forma de ser, tío. Que hay veces que te construyes, y cada vez que te construyes, lo que haces es engañarnos a todos. Nos observas, te burlas de nosotros, después te vuelves a tu puta concha y piensas en cómo construirte para ser mejor. No hace falta más que verte cuando aparecen los problemas, simplemente desapareces, huyes. Y estoy hasta los huevos. Harta de que finjas, harta de que me utilices. Y es que encima te vuelves a construir en tus relatos. Formas el Dani que no nos dejas ver a los demás, lo metes ahí, le pones un título de mierda y nos obligas a verlo a todos. Al principio creía que era sólo un acto de egocentrismo, de enseñar tus texto porque, aunque conscientemente sabías que eran una mierda, el hecho de que fuéramos tus amigos iba a hacer que te dijéramos que estaban muy bien. Sin embargo, ahora me he dado cuenta de que lo haces para enseñarnos ese Dani que construyes por las noches, para decirnos todo lo que no tienes huevos de decirnos. En esas noches de insomnio que ya no se si son reales. Como todo el resto.
- Vaya, me alegra saber que me has estudiado en profundidad. De hecho me encantaría en estos momentos levantarme y aplaudirte. Hacer como en esas películas en las que ahora el malo queda desnudado, en medio de la escena, y llega el bueno buenísimo, le estira de la careta y deja entrever quién realmente es. Digamos que tus investigaciones han ido más allá de lo que yo se sobre mí. Pero, ¿qué esperas?. Estoy seguro que te encantaría que todo el mundo estuviera desnudo de sentimientos, pero eso no puedo hacerlo, porque no me conozco ni a mi mismo, y mientras que no me conozca no podrás esperar que me de a conocer.
- Claro. Muy bonito, tu siempre tienes algo que decir, y sabes decirlo de forma que quedes bien. ¿Cómo puedes decir que no te conoces bien? Pero es más, ¿cómo puedes reconocer que te das a conocer?
- Ya estás de nuevo transgiversando lo que digo. De acuerdo, aunque creía que ya habías acabado con todo, parece que no. No pasa nada, espera que me siente y continúas.
- Encima con cinismo. Es increíble, incluso cuando a veces eres dulce, te giras y muestras una cara completamente distinta. Pero es que siempre eres así. Extremos. Simpático y borde. O escuchas o pasas de todo. A veces vas de tío duro y luego te las das de inferior. En serio, como me arrepiento de haber conocido, de todos, al más raro de los que había por conocer
- Uf! Me parece increíble que todo esto haya sido por el puto relato.
- Ni aún así me entiendes. No es por el relato, es por ti, porque no quiero que me hagas pasar a ser un personaje, cuando me tienes aquí. Odio que me utilices y encima tenga que aplaudir tus jodidos textos.
- ¿Y qué dirías si te dijera que me gustas?
- Que te lo acabas de inventar, que sólo lo haces porque crees que es lo que necesito oír.
- O a lo mejor es que estabas en lo cierto y me he cansado de escribirte con hostias de arco iris y cosas así, y por una vez me he decidido a decírtelo como lo pienso.
- ¿Sabes qué?
- Dime
- Que te podrías ir a la puta mierda
- Juas. ¿Un cigarrito?
FIN
Epílogo: Uf! Menudo descanso
Epílogo contestación: Te odio
Una vez conoci a una pareja. Vivian juntos y acabaron enamorándose. Es una historia bonita. Pero el estar siempre juntos les volvia locos. Un dia decidieron que vivirían juntos pero no saldrian juntos por ahí. Era facil. El era el primero en salir, se vestia, se ponia su colonia favorita y se iba a sentarse en un parque, después decidia donde ir después para cenar. Ella tardaba mas en arreglarse pq le gustaba mucho el espejo. Aproximadamente media hora después elegia un sitio para cenar y salia con su abrigo rojo de botones blancos. Al llegar al sitio nunca decia que estaba sola, porque el le esperaba sentado alli. La diferencia de hora les hacia sentir la impaciencia de una cita, la esclavitud del reloj. Al finalizar cada una de sus citas no volvían juntos a casa. A veces el la acompañaba a la puerta, le daba un beso furtivo en la mejilla antes de que entrara. Después el se marchaba a su parque se sentaba durante media hora en su banco para fumar su ultimo cigarrillo y volvia a casa. Siempre se quitaba los zapatos al entrar para no hacer ruido y se metia a su cuarto a dormir. Al dia siguiente no se conocían. Para ellos era mas facil salir separados que vivir separados. Ellos eran los actores de su propia mentira. No eran de verdad, pero eso les hacia de verdad. Por eso todo esto es mentira pero a mi no me importa y supongo que a ellos tampoco. FIN
extraido de domumento1, relato de creación automática (aun no entiendo por qué acaba en una historia de amor)
- Hola
- Hey, ¿qué tal?
- Bien, supongo. Recibí tu relato
- Ah, ¿sí? ¿Que te pareció?
- Me gustó mucho, la verdad es que me sentí muy identificada.
- Vaya, me alegro de que te gustara.
- Es más, ¿podría pedirte un favor?
- Por supuesto, ¿qué es?
- Que te vayas a la puta mierda
- ¿Qué? No lo entiendo
- ¿Cómo que no lo entiendes? No es tan difícil
- Espera, ¿cómo que no es tan difícil? Vienes aquí, me dices que mi relato te encantó, que te sentiste muy identificada, y acto seguido me dices que me vaya a la puta mierda, ¿y esperas que lo entienda?
- ¡Precisamente por eso! ¿Cómo no quieres que me sienta identificada? Escribes una puta historia, me colocas de centro, y sólo esperas que te diga eso, que me siento identificada. Era lo que querías oír, y por eso te lo dije.
- Espera, ¿qué te coloqué en el centro? ¿Has entendido bien el relato? Que yo sepa, no hay nada de ti en él.
- Claro que lo hay, no te hagas el tonto. Hay de mí en cada en una de tus palabras. Es cómo si dijeras que no hay nada de ti en la historia que escribiste. No soy tonta, yo también he escrito, y por eso se que me estás utilizando en tus historias. Y por eso estoy harta.
- A ver, a ver. Estás molesta porque me pueda haber basado en ti para mi historia, pero ni siquiera sabes si realmente lo he hecho. Sólo piensas que estás porque formas parte de mi vida. ¿Acaso esperas que saque las historias de la tele? Me es mucho mas fácil sacar las cosas de lo que tengo cerca, y de todas formas, yo no consideraría que te he utilizado.
- En serio, ¿sigues sin verlo? A veces no eres tan listo como aparentas ser. Lo que me jode de todo esto es que me utilizas en la vida real y lo disimulas bajo tu estúpida fachada.
- ¿En la vida real? En serio, esto ya es muy fuerte.
- Lo haces. Lo haces, y cada día. Lo haces con tu jodida actitud de voy a hacer feliz a todo el mundo, lo de que bueno soy, que bueno quiero ser. Con tus silencios por las mañanas. Con tu actitud de perdedor. Con callarte las cosas.
- Joder, pero ¿qué te ha dado hoy conmigo?
- Encima vas de víctima. Mira tío, una cosa es que pienses en mi como una musa para tus papelitos, y otra cosa es que te calles las cosas que piensas sobre mí y luego me las escribas en una historieta. Por más que las rellenes de arco iris y de las mariconadas esas que tanto te gustan, lo haces mal tío.
- ¿Y qué pasa si no son las cosas que pienso realmente?
- Pero,¿ y si lo son? ¿Qué esperas, que yo esté con tus textos y diga, esto es verdad, esto no lo es? Las cosas no funcionan así y, sobre todo, cuando lo que haces es estar hablando conmigo y después desaparecer tras tu ordenador y traerme eso, como si hubiera surgido de la nada. Esperas siempre que no te entendamos, que creamos que eres simple, tranquilo, que a veces estás más que empanado y luego traes los textos para que podamos ver que no eres tan gilipollas como pareces después de tres canutos.
- ¿Y qué pasa si es mi forma de ser? Lo siento, pero no considero mis textos tan importantes como para ir por ahí de intelectual pedante, ni voy a dejar de hacer lo que me apetezca cuando vuelvo a mi ordenador.
- Ese es tu problema, es que realmente no se si es tu forma de ser, tío. Que hay veces que te construyes, y cada vez que te construyes, lo que haces es engañarnos a todos. Nos observas, te burlas de nosotros, después te vuelves a tu puta concha y piensas en cómo construirte para ser mejor. No hace falta más que verte cuando aparecen los problemas, simplemente desapareces, huyes. Y estoy hasta los huevos. Harta de que finjas, harta de que me utilices. Y es que encima te vuelves a construir en tus relatos. Formas el Dani que no nos dejas ver a los demás, lo metes ahí, le pones un título de mierda y nos obligas a verlo a todos. Al principio creía que era sólo un acto de egocentrismo, de enseñar tus texto porque, aunque conscientemente sabías que eran una mierda, el hecho de que fuéramos tus amigos iba a hacer que te dijéramos que estaban muy bien. Sin embargo, ahora me he dado cuenta de que lo haces para enseñarnos ese Dani que construyes por las noches, para decirnos todo lo que no tienes huevos de decirnos. En esas noches de insomnio que ya no se si son reales. Como todo el resto.
- Vaya, me alegra saber que me has estudiado en profundidad. De hecho me encantaría en estos momentos levantarme y aplaudirte. Hacer como en esas películas en las que ahora el malo queda desnudado, en medio de la escena, y llega el bueno buenísimo, le estira de la careta y deja entrever quién realmente es. Digamos que tus investigaciones han ido más allá de lo que yo se sobre mí. Pero, ¿qué esperas?. Estoy seguro que te encantaría que todo el mundo estuviera desnudo de sentimientos, pero eso no puedo hacerlo, porque no me conozco ni a mi mismo, y mientras que no me conozca no podrás esperar que me de a conocer.
- Claro. Muy bonito, tu siempre tienes algo que decir, y sabes decirlo de forma que quedes bien. ¿Cómo puedes decir que no te conoces bien? Pero es más, ¿cómo puedes reconocer que te das a conocer?
- Ya estás de nuevo transgiversando lo que digo. De acuerdo, aunque creía que ya habías acabado con todo, parece que no. No pasa nada, espera que me siente y continúas.
- Encima con cinismo. Es increíble, incluso cuando a veces eres dulce, te giras y muestras una cara completamente distinta. Pero es que siempre eres así. Extremos. Simpático y borde. O escuchas o pasas de todo. A veces vas de tío duro y luego te las das de inferior. En serio, como me arrepiento de haber conocido, de todos, al más raro de los que había por conocer
- Uf! Me parece increíble que todo esto haya sido por el puto relato.
- Ni aún así me entiendes. No es por el relato, es por ti, porque no quiero que me hagas pasar a ser un personaje, cuando me tienes aquí. Odio que me utilices y encima tenga que aplaudir tus jodidos textos.
- ¿Y qué dirías si te dijera que me gustas?
- Que te lo acabas de inventar, que sólo lo haces porque crees que es lo que necesito oír.
- O a lo mejor es que estabas en lo cierto y me he cansado de escribirte con hostias de arco iris y cosas así, y por una vez me he decidido a decírtelo como lo pienso.
- ¿Sabes qué?
- Dime
- Que te podrías ir a la puta mierda
- Juas. ¿Un cigarrito?
FIN
Epílogo: Uf! Menudo descanso
Epílogo contestación: Te odio