epílogo (deconstrucción)
- Hola
- Hey, ¿qué tal?
- Bien, supongo. Recibí tu relato
- Ah, ¿sí? ¿Que te pareció?
- Me gustó mucho, la verdad es que me sentí muy identificada.
- Vaya, me alegro de que te gustara.
- Es más, ¿podría pedirte un favor?
- Por supuesto, ¿qué es?
- Que te vayas a la puta mierda
- ¿Qué? No lo entiendo
- ¿Cómo que no lo entiendes? No es tan difícil
- Espera, ¿cómo que no es tan difícil? Vienes aquí, me dices que mi relato te encantó, que te sentiste muy identificada, y acto seguido me dices que me vaya a la puta mierda, ¿y esperas que lo entienda?
- ¡Precisamente por eso! ¿Cómo no quieres que me sienta identificada? Escribes una puta historia, me colocas de centro, y sólo esperas que te diga eso, que me siento identificada. Era lo que querías oír, y por eso te lo dije.
- Espera, ¿qué te coloqué en el centro? ¿Has entendido bien el relato? Que yo sepa, no hay nada de ti en él.
- Claro que lo hay, no te hagas el tonto. Hay de mí en cada en una de tus palabras. Es cómo si dijeras que no hay nada de ti en la historia que escribiste. No soy tonta, yo también he escrito, y por eso se que me estás utilizando en tus historias. Y por eso estoy harta.
- A ver, a ver. Estás molesta porque me pueda haber basado en ti para mi historia, pero ni siquiera sabes si realmente lo he hecho. Sólo piensas que estás porque formas parte de mi vida. ¿Acaso esperas que saque las historias de la tele? Me es mucho mas fácil sacar las cosas de lo que tengo cerca, y de todas formas, yo no consideraría que te he utilizado.
- En serio, ¿sigues sin verlo? A veces no eres tan listo como aparentas ser. Lo que me jode de todo esto es que me utilizas en la vida real y lo disimulas bajo tu estúpida fachada.
- ¿En la vida real? En serio, esto ya es muy fuerte.
- Lo haces. Lo haces, y cada día. Lo haces con tu jodida actitud de voy a hacer feliz a todo el mundo, lo de que bueno soy, que bueno quiero ser. Con tus silencios por las mañanas. Con tu actitud de perdedor. Con callarte las cosas.
- Joder, pero ¿qué te ha dado hoy conmigo?
- Encima vas de víctima. Mira tío, una cosa es que pienses en mi como una musa para tus papelitos, y otra cosa es que te calles las cosas que piensas sobre mí y luego me las escribas en una historieta. Por más que las rellenes de arco iris y de las mariconadas esas que tanto te gustan, lo haces mal tío.
- ¿Y qué pasa si no son las cosas que pienso realmente?
- Pero,¿ y si lo son? ¿Qué esperas, que yo esté con tus textos y diga, esto es verdad, esto no lo es? Las cosas no funcionan así y, sobre todo, cuando lo que haces es estar hablando conmigo y después desaparecer tras tu ordenador y traerme eso, como si hubiera surgido de la nada. Esperas siempre que no te entendamos, que creamos que eres simple, tranquilo, que a veces estás más que empanado y luego traes los textos para que podamos ver que no eres tan gilipollas como pareces después de tres canutos.
- ¿Y qué pasa si es mi forma de ser? Lo siento, pero no considero mis textos tan importantes como para ir por ahí de intelectual pedante, ni voy a dejar de hacer lo que me apetezca cuando vuelvo a mi ordenador.
- Ese es tu problema, es que realmente no se si es tu forma de ser, tío. Que hay veces que te construyes, y cada vez que te construyes, lo que haces es engañarnos a todos. Nos observas, te burlas de nosotros, después te vuelves a tu puta concha y piensas en cómo construirte para ser mejor. No hace falta más que verte cuando aparecen los problemas, simplemente desapareces, huyes. Y estoy hasta los huevos. Harta de que finjas, harta de que me utilices. Y es que encima te vuelves a construir en tus relatos. Formas el Dani que no nos dejas ver a los demás, lo metes ahí, le pones un título de mierda y nos obligas a verlo a todos. Al principio creía que era sólo un acto de egocentrismo, de enseñar tus texto porque, aunque conscientemente sabías que eran una mierda, el hecho de que fuéramos tus amigos iba a hacer que te dijéramos que estaban muy bien. Sin embargo, ahora me he dado cuenta de que lo haces para enseñarnos ese Dani que construyes por las noches, para decirnos todo lo que no tienes huevos de decirnos. En esas noches de insomnio que ya no se si son reales. Como todo el resto.
- Vaya, me alegra saber que me has estudiado en profundidad. De hecho me encantaría en estos momentos levantarme y aplaudirte. Hacer como en esas películas en las que ahora el malo queda desnudado, en medio de la escena, y llega el bueno buenísimo, le estira de la careta y deja entrever quién realmente es. Digamos que tus investigaciones han ido más allá de lo que yo se sobre mí. Pero, ¿qué esperas?. Estoy seguro que te encantaría que todo el mundo estuviera desnudo de sentimientos, pero eso no puedo hacerlo, porque no me conozco ni a mi mismo, y mientras que no me conozca no podrás esperar que me de a conocer.
- Claro. Muy bonito, tu siempre tienes algo que decir, y sabes decirlo de forma que quedes bien. ¿Cómo puedes decir que no te conoces bien? Pero es más, ¿cómo puedes reconocer que te das a conocer?
- Ya estás de nuevo transgiversando lo que digo. De acuerdo, aunque creía que ya habías acabado con todo, parece que no. No pasa nada, espera que me siente y continúas.
- Encima con cinismo. Es increíble, incluso cuando a veces eres dulce, te giras y muestras una cara completamente distinta. Pero es que siempre eres así. Extremos. Simpático y borde. O escuchas o pasas de todo. A veces vas de tío duro y luego te las das de inferior. En serio, como me arrepiento de haber conocido, de todos, al más raro de los que había por conocer
- Uf! Me parece increíble que todo esto haya sido por el puto relato.
- Ni aún así me entiendes. No es por el relato, es por ti, porque no quiero que me hagas pasar a ser un personaje, cuando me tienes aquí. Odio que me utilices y encima tenga que aplaudir tus jodidos textos.
- ¿Y qué dirías si te dijera que me gustas?
- Que te lo acabas de inventar, que sólo lo haces porque crees que es lo que necesito oír.
- O a lo mejor es que estabas en lo cierto y me he cansado de escribirte con hostias de arco iris y cosas así, y por una vez me he decidido a decírtelo como lo pienso.
- ¿Sabes qué?
- Dime
- Que te podrías ir a la puta mierda
- Juas. ¿Un cigarrito?
FIN
Epílogo: Uf! Menudo descanso
Epílogo contestación: Te odio
- Hey, ¿qué tal?
- Bien, supongo. Recibí tu relato
- Ah, ¿sí? ¿Que te pareció?
- Me gustó mucho, la verdad es que me sentí muy identificada.
- Vaya, me alegro de que te gustara.
- Es más, ¿podría pedirte un favor?
- Por supuesto, ¿qué es?
- Que te vayas a la puta mierda
- ¿Qué? No lo entiendo
- ¿Cómo que no lo entiendes? No es tan difícil
- Espera, ¿cómo que no es tan difícil? Vienes aquí, me dices que mi relato te encantó, que te sentiste muy identificada, y acto seguido me dices que me vaya a la puta mierda, ¿y esperas que lo entienda?
- ¡Precisamente por eso! ¿Cómo no quieres que me sienta identificada? Escribes una puta historia, me colocas de centro, y sólo esperas que te diga eso, que me siento identificada. Era lo que querías oír, y por eso te lo dije.
- Espera, ¿qué te coloqué en el centro? ¿Has entendido bien el relato? Que yo sepa, no hay nada de ti en él.
- Claro que lo hay, no te hagas el tonto. Hay de mí en cada en una de tus palabras. Es cómo si dijeras que no hay nada de ti en la historia que escribiste. No soy tonta, yo también he escrito, y por eso se que me estás utilizando en tus historias. Y por eso estoy harta.
- A ver, a ver. Estás molesta porque me pueda haber basado en ti para mi historia, pero ni siquiera sabes si realmente lo he hecho. Sólo piensas que estás porque formas parte de mi vida. ¿Acaso esperas que saque las historias de la tele? Me es mucho mas fácil sacar las cosas de lo que tengo cerca, y de todas formas, yo no consideraría que te he utilizado.
- En serio, ¿sigues sin verlo? A veces no eres tan listo como aparentas ser. Lo que me jode de todo esto es que me utilizas en la vida real y lo disimulas bajo tu estúpida fachada.
- ¿En la vida real? En serio, esto ya es muy fuerte.
- Lo haces. Lo haces, y cada día. Lo haces con tu jodida actitud de voy a hacer feliz a todo el mundo, lo de que bueno soy, que bueno quiero ser. Con tus silencios por las mañanas. Con tu actitud de perdedor. Con callarte las cosas.
- Joder, pero ¿qué te ha dado hoy conmigo?
- Encima vas de víctima. Mira tío, una cosa es que pienses en mi como una musa para tus papelitos, y otra cosa es que te calles las cosas que piensas sobre mí y luego me las escribas en una historieta. Por más que las rellenes de arco iris y de las mariconadas esas que tanto te gustan, lo haces mal tío.
- ¿Y qué pasa si no son las cosas que pienso realmente?
- Pero,¿ y si lo son? ¿Qué esperas, que yo esté con tus textos y diga, esto es verdad, esto no lo es? Las cosas no funcionan así y, sobre todo, cuando lo que haces es estar hablando conmigo y después desaparecer tras tu ordenador y traerme eso, como si hubiera surgido de la nada. Esperas siempre que no te entendamos, que creamos que eres simple, tranquilo, que a veces estás más que empanado y luego traes los textos para que podamos ver que no eres tan gilipollas como pareces después de tres canutos.
- ¿Y qué pasa si es mi forma de ser? Lo siento, pero no considero mis textos tan importantes como para ir por ahí de intelectual pedante, ni voy a dejar de hacer lo que me apetezca cuando vuelvo a mi ordenador.
- Ese es tu problema, es que realmente no se si es tu forma de ser, tío. Que hay veces que te construyes, y cada vez que te construyes, lo que haces es engañarnos a todos. Nos observas, te burlas de nosotros, después te vuelves a tu puta concha y piensas en cómo construirte para ser mejor. No hace falta más que verte cuando aparecen los problemas, simplemente desapareces, huyes. Y estoy hasta los huevos. Harta de que finjas, harta de que me utilices. Y es que encima te vuelves a construir en tus relatos. Formas el Dani que no nos dejas ver a los demás, lo metes ahí, le pones un título de mierda y nos obligas a verlo a todos. Al principio creía que era sólo un acto de egocentrismo, de enseñar tus texto porque, aunque conscientemente sabías que eran una mierda, el hecho de que fuéramos tus amigos iba a hacer que te dijéramos que estaban muy bien. Sin embargo, ahora me he dado cuenta de que lo haces para enseñarnos ese Dani que construyes por las noches, para decirnos todo lo que no tienes huevos de decirnos. En esas noches de insomnio que ya no se si son reales. Como todo el resto.
- Vaya, me alegra saber que me has estudiado en profundidad. De hecho me encantaría en estos momentos levantarme y aplaudirte. Hacer como en esas películas en las que ahora el malo queda desnudado, en medio de la escena, y llega el bueno buenísimo, le estira de la careta y deja entrever quién realmente es. Digamos que tus investigaciones han ido más allá de lo que yo se sobre mí. Pero, ¿qué esperas?. Estoy seguro que te encantaría que todo el mundo estuviera desnudo de sentimientos, pero eso no puedo hacerlo, porque no me conozco ni a mi mismo, y mientras que no me conozca no podrás esperar que me de a conocer.
- Claro. Muy bonito, tu siempre tienes algo que decir, y sabes decirlo de forma que quedes bien. ¿Cómo puedes decir que no te conoces bien? Pero es más, ¿cómo puedes reconocer que te das a conocer?
- Ya estás de nuevo transgiversando lo que digo. De acuerdo, aunque creía que ya habías acabado con todo, parece que no. No pasa nada, espera que me siente y continúas.
- Encima con cinismo. Es increíble, incluso cuando a veces eres dulce, te giras y muestras una cara completamente distinta. Pero es que siempre eres así. Extremos. Simpático y borde. O escuchas o pasas de todo. A veces vas de tío duro y luego te las das de inferior. En serio, como me arrepiento de haber conocido, de todos, al más raro de los que había por conocer
- Uf! Me parece increíble que todo esto haya sido por el puto relato.
- Ni aún así me entiendes. No es por el relato, es por ti, porque no quiero que me hagas pasar a ser un personaje, cuando me tienes aquí. Odio que me utilices y encima tenga que aplaudir tus jodidos textos.
- ¿Y qué dirías si te dijera que me gustas?
- Que te lo acabas de inventar, que sólo lo haces porque crees que es lo que necesito oír.
- O a lo mejor es que estabas en lo cierto y me he cansado de escribirte con hostias de arco iris y cosas así, y por una vez me he decidido a decírtelo como lo pienso.
- ¿Sabes qué?
- Dime
- Que te podrías ir a la puta mierda
- Juas. ¿Un cigarrito?
FIN
Epílogo: Uf! Menudo descanso
Epílogo contestación: Te odio
0 comentarios