comunicación audiovisual
No nos quieren para nada. Lo saben, no nos lo dicen, pero nosotros caemos una y otra vez en su trampa. No tenemos nada que aportar para ellos, pero nos hacen creerlo. Pensamos por una vez que éramos mejores que ellos y por eso elegimos formar parte de esta carrera. Éramos parte de la elite, desgraciadamente, y podíamos acceder a cosas que la otra gente no hacía. Sin embargo, nadie nos explicó que era para apartarnos de la circulación.
Pensando que seríamos los mejores, consiguieron que aspiráramos a no ser nada. Comunicación audiovisual, me río. Un invento hecho para que gente intente llegar a ese mundo de la cultura, ya sea la televisión, el cine u otros contaminantes que al fin y al cabo no son más que productos estúpidos (algunos mejor servidos que otros) para poder ser un payaso para el resto de la gente. Sabíamos que significaba la tele desde sus principios, nosotros la creamos para el entretenimiento y aun así pretendemos que cuando nosotros lleguemos, por fin, si llegamos, a estar en ella, la historia sea diferente a lo que nos creemos. Seremos una cara conocida, saldremos en algún programa, presentadores, invitados o en alguna línea de los títulos. La gente desde su casa podrá vernos, seremos esos casi famosos. Tendremos que intentar sobrevivir a las modas, para mantenernos en antena, sea como sea, porque sabemos que la televisión es competitiva, porque sabemos que la tele esta hecha para entretener. A ellos, y a nosotros.
Estudiantes que pensamos que seríamos algo y solo seremos victimas de nuestro propio juego. La televisión no solo da trabajo a aquellos que pueden entretener, sino que quita de en medio cabezas que en, otras situaciones podrían llegar a ser algo, o nada. Y les entrega el caramelo con el que les dice que si algún día salen en tal o cual programa habrá sido su recompensa, como si uno llegara y supiera que nunca se irá de allí. Aun así, pensamos que es nuestro sitio y no nos damos cuenta de que estamos ahí para entretener, para hacer todo aquello que la audiencia quiera y la cadena permita. Los bufones de la corte, nosotros que podríamos aspirar algo en la vida. Ya la cagamos con esa separación de letras y ciencias, pensamos que siendo de letras se nos permitiría no tener un trabajo duro, que lo nuestro sería creativo, libre, flexible. Mentiras, ocho horas de trabajo lo son de cualquier manera y excepto la gente que se arriesga y busca trabajos independientes, el resto seremos igual de libres que los demás: nada.
Pero, mirémonos, es quinto año deberíamos estar felices de acabar con todos estos cinco años en los que nos hemos convencido de que, a lo mejor no era lo nuestro, pero que intentaríamos hacerlo lo mejor posible. En el tiempo en el que renunciamos a algunos de nuestros primeros sueños y nos resignamos porque nos han explicado durante un lustro que alcanzar nuestros sueños es difícil. Que trabajar ya no es trabajar en lo que amas, sino llegar a amar aquello en lo que trabajas. Un matrimonio de conveniencia, una patochada. Mentiras que se cuentan a adolescentes que siguen viviendo de sus padres, y que a los veintidós años ya están completamente anulados, absorbidos por la gran masa. Ya no son soñadores, ya no importa que tuvieran las máximas notas de la facultad. Ya son partes del engranaje, se les ha encontrado un sitio en nuestra sociedad y encima no nos ha llevado más de cinco años (tiempo que el trabajo da de plazo a los indecisos o también llamados universitarios). Un plan perfecto, ellos contentos, todos nosotros contentos. Son los bufones de la corte y han aceptado libremente colgarse el sombrero y hacer sonar el cascabel. Y saldrán por la tele, para que los veamos todos y nos divertirán, y ellos se sentirán importantes. Y nadie se acordará de que todos teníamos sueños. A nadie nos importará, porque ya estaremos subidos al carro. Y a partir de ahora, solo os deseo un buen viaje.
Pensando que seríamos los mejores, consiguieron que aspiráramos a no ser nada. Comunicación audiovisual, me río. Un invento hecho para que gente intente llegar a ese mundo de la cultura, ya sea la televisión, el cine u otros contaminantes que al fin y al cabo no son más que productos estúpidos (algunos mejor servidos que otros) para poder ser un payaso para el resto de la gente. Sabíamos que significaba la tele desde sus principios, nosotros la creamos para el entretenimiento y aun así pretendemos que cuando nosotros lleguemos, por fin, si llegamos, a estar en ella, la historia sea diferente a lo que nos creemos. Seremos una cara conocida, saldremos en algún programa, presentadores, invitados o en alguna línea de los títulos. La gente desde su casa podrá vernos, seremos esos casi famosos. Tendremos que intentar sobrevivir a las modas, para mantenernos en antena, sea como sea, porque sabemos que la televisión es competitiva, porque sabemos que la tele esta hecha para entretener. A ellos, y a nosotros.
Estudiantes que pensamos que seríamos algo y solo seremos victimas de nuestro propio juego. La televisión no solo da trabajo a aquellos que pueden entretener, sino que quita de en medio cabezas que en, otras situaciones podrían llegar a ser algo, o nada. Y les entrega el caramelo con el que les dice que si algún día salen en tal o cual programa habrá sido su recompensa, como si uno llegara y supiera que nunca se irá de allí. Aun así, pensamos que es nuestro sitio y no nos damos cuenta de que estamos ahí para entretener, para hacer todo aquello que la audiencia quiera y la cadena permita. Los bufones de la corte, nosotros que podríamos aspirar algo en la vida. Ya la cagamos con esa separación de letras y ciencias, pensamos que siendo de letras se nos permitiría no tener un trabajo duro, que lo nuestro sería creativo, libre, flexible. Mentiras, ocho horas de trabajo lo son de cualquier manera y excepto la gente que se arriesga y busca trabajos independientes, el resto seremos igual de libres que los demás: nada.
Pero, mirémonos, es quinto año deberíamos estar felices de acabar con todos estos cinco años en los que nos hemos convencido de que, a lo mejor no era lo nuestro, pero que intentaríamos hacerlo lo mejor posible. En el tiempo en el que renunciamos a algunos de nuestros primeros sueños y nos resignamos porque nos han explicado durante un lustro que alcanzar nuestros sueños es difícil. Que trabajar ya no es trabajar en lo que amas, sino llegar a amar aquello en lo que trabajas. Un matrimonio de conveniencia, una patochada. Mentiras que se cuentan a adolescentes que siguen viviendo de sus padres, y que a los veintidós años ya están completamente anulados, absorbidos por la gran masa. Ya no son soñadores, ya no importa que tuvieran las máximas notas de la facultad. Ya son partes del engranaje, se les ha encontrado un sitio en nuestra sociedad y encima no nos ha llevado más de cinco años (tiempo que el trabajo da de plazo a los indecisos o también llamados universitarios). Un plan perfecto, ellos contentos, todos nosotros contentos. Son los bufones de la corte y han aceptado libremente colgarse el sombrero y hacer sonar el cascabel. Y saldrán por la tele, para que los veamos todos y nos divertirán, y ellos se sentirán importantes. Y nadie se acordará de que todos teníamos sueños. A nadie nos importará, porque ya estaremos subidos al carro. Y a partir de ahora, solo os deseo un buen viaje.
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