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impulsos nerviosos

ser diferentes

No es fácil ser diferente, y cada vez menos. El nuevo orden nos ha creado diferentes iguales, ya no se puede escapar a la norma. Hagas lo que hagas estarás dentro del sistema. Ya no vale estar en contra, el nuevo mercado está preparado para todo. Para las ganancias extremas y para las pérdidas extremas. Para los picos sociales que desbandan en cualquiera de los sentidos, todos somos al fin y al cabo reconducidos a la masa de nuevo. No nos engañemos, consumir música o cine del que nosotros pensamos “de calidad” no es escapar a nada, el mercado ya estaba preparado para eso. Por eso los productos minoritarios están pensados para pequeñas masas que pueden ser controladas desde sus puntos. Se nos tiene contentos al pensar que culturalmente o socialmente, elegimos cosas que no están dentro del circuito. Pero no es así, por más que cueste pensarlo una película de artista, de bajo presupuesto, está pensada para estas pequeñas masas que, aprovechando medios de comunicación, o sistemas alternativos de difusión, acaben siendo modificados igualmente. Hasta los festivales de cine más independientes no son sino campañas publicitarias tal como lo puede ser un mega estreno en la Gran Manzana, simplemente que a un diferente nivel.

Que el público de X sea Y, y el público de A sea B, no significa la diferencia, ambos utilizan el medio C para llegar de unos a otros. Y ese método es el que establece el mercado. La ecuación es diferente, pero los resultados siguen a escala. Matados todas las filosofías, organizadas todas las tribus urbanas (para todos aquellos jóvenes que no encontraban un lugar), cada uno tendrá un nuevo lugar. Productos especializados para cada masa, para evitar que cada uno de sus individuos sea contrario, sino que uniformemente diferente.

Hace unos años se nos vendía internet como la llave de la democracia. Mentira. ¿Qué problema hay con que millones de personas se expresen libremente si van a seguir haciendo lo que la masa quiere? Es simplemente una concesión para creer que de alguna forma somos más libres, a la hora de expresarnos, a la hora de mostrarnos. Pero nos creemos iguales que otros millones de personas, somos igual de demócratas. Estamos igual de vendidos.

No voy a venir a contar que hay una mano que mece la cuna, que, como en todos esos libros que leímos, las empresas multinacionales son las malas y nosotros somos las víctimas. Sabemos lo que hacemos, nadie nos quita la libertad de decidir, y aun así nadie se sale del camino marcado invisiblemente. Cualquier situación extrema es ridiculizada por el Medio, de forma que la gente se ríe de ello. Aunque un día en el futuro se convierta en la norma. Da igual, para ese día ya no lo recordaremos, seguiremos pensando que están desviados (Y pensara que B esta equivocado, y viceversa), y nos reabsorberemos continuamente. Seguiremos sus modas, oiremos sus músicas, y quien quiera podrá no salir de casa, taparse los oídos. Pero al resto nos dará igual, no formará parte de la rueda, habrá quedado automáticamente fuera. Recordad: controlan a los que salen. Y si no quieren volver a entrar, allá ellos, ¿cuánto dura una persona? ¿un pensamiento? Y, ¿cuánto dura un sistema?

No voy a decir que nuestra tarea es derrocar al monstruo, convertirnos todos en anarquistas (anarquistas de mercado por supuesto) e instaurar un cambio. Es imposible, estamos ante el gran enemigo: nosotros mismos. Ellos han sembrado la lluvia y nosotros somos la tempestad. A partir de ahora, reconocerlo con la cabeza alta, no os avergoncéis. Somos la masa, decid a vuestros vecinos, nunca más seremos diferentes. Y creeros felices, por que ¿acaso no lo éramos antes? Por que, ¿acaso os pensabais que mi mensaje iba a cambiar vuestras vidas?

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