Blogia
impulsos nerviosos

jubilación anticipada

No sirvo para nada, lo siento. Estoy a punto de cumplir los 23 años y ya he dado mi vida por perdida. No creo en eso que vosotros llamáis trabajo. No creo en eso que vosotros llamáis vida. He perdido mi juventud y ahora debo enfrentarme a una edad madura que posiblemente me gusta menos que la fase anterior. Tuve que vivir lo que era ser joven, consumir lo que consumían los jóvenes, hacer lo que estamos supuestos a hacer. Y aun así no estoy contento con haber sido joven. Habría preferido ser niño, para no tener que enfrentarme a la madurez tan pronto.

Cuando miro a la generación anterior, y me refiero a mis padres, veo que tuvieron la mala suerte de tener que salir de la niñez directamente a la edad madura, a tener que enfrentarse al mundo de bruces. Y a mas de uno lo pilló por la espalda y se tuvo que acostumbrar. Sin embargo a nosotros se nos vendió de otra manera, era mucho más fácil creernos jóvenes y libres, cargarnos la generación anterior. Pensar que trabajo y vida eran cosas compatibles, que se puede trabajar y seguir siendo joven. Que todos podíamos vivir en un gran complejo de Peter Pan inducido. Era sano, aunque no para nosotros.

Aun así, ¿alguien se ha dado cuenta de lo que es el trabajo?, ¿alguien se ha dado cuenta que en la universidad nos metimos para eso?, que hemos malgastado cinco años de nuestra vida en estudiar para poder encontrar un trabajo mejor. No nos engañemos, no hay trabajos mejores. El trabajo te enfrenta a la vida, porque te la roba de golpe. Trabajar ocho horas al día, cinco días a la semana (si tenemos suerte), para poder aprovechar los fines de semana, en los que realmente seremos nosotros. Perfecto, de los 23 a los 65 podré aprovechar dos días a la semana para vivir mi vida, el resto no pasa nada, es un bien sacrificable. Es mi vida, pero es sacrificable.

Trabajar tanto tiempo para tener la vida solucionada. Pero cuantos eslóganes de mierda nos han hecho tragar, hasta que nos los hemos creído todos. Para que cuando nos jubilemos tengamos las facilidades de una vida tranquila. ¿Tranquila? Cuarenta años malgastados en cotizar, para lo que nos quede (a unos mas y a otros menos) lo pasemos tranquilamente. Que curioso, la vida acaba a los veintitrés y empieza a los sesenta y cinco. Y entre tanto, trabajar, que también es vida.

Y si podemos trabajar. Porque la generación anterior aún podía mantener ciertas esperanzas de mantener un trabajo de por vida (laboral, por supuesto), pero nosotros… ahora puede ser difícil, pero un despido a los 45 es casi una muerte (laboral, como no). No podremos pagar nuestra casa, nuestro coche, nuestros vicios. No podremos tener que no preocuparnos hasta el santo día que llegue la jubilación.

Pues miren señores, yo no quiero un coche, yo ya tengo mis vicios y viviré en cualquier casa. Es cierto que por ahora he pecado de ser un poco de burgués, y todo esto lo puedo decir por que alguien trabaja por mí. Alguien hace que yo ya esté jubilado. Pero es perfecto. Yo no quiero ser una sanguijuela, pero tampoco quiero ser un problema para el estado. No quiero tener que fingir mi sonrisa cada día al entrar en una oficina de mierda. No sirvo para nada, sólo quiero un sueldo de mierda para mantenerme, para irme con mis amigos del IMSERSO nervioso. Pido poco y daré mucho a cambio. Me apartaré de todo lo que pueda parecer una responsabilidad. Si me dan un subsidio, si me dejan vivir mi vida antes de los 65, que para eso es mi vida, no la de ningún empresario, banco o lo que sea.

Yo ya no sirvo para nada, pero al menos me he dado cuenta antes de llegar a los 23, ahora ya puedo dedicarme a mis hobbies. A todas esas cosas que me gustaron de joven y creía olvidadas. A todo lo que perdí pensando en como sería ser mayor.

0 comentarios