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impulsos nerviosos

carta a Cortázar (donde quiera que estés)

Cómo te odio viejo. Cómo has podido llegar a hacerme ésto. Mientras me lío un cigarrillo y le doy un trago más a mi té, te veo viejo. Te veo mientras fumas tu puro. Con tu barba, con tu aire que dice te he ganado. Estas ahí, en una foto en la portada. Una foto que no serviría ni para ilustrar tu tumba. Y sin embargo me has ganado. De ahí mirando a las espaldas de un libro que escribiste hace tiempo. Pero me has ganado, porque no quiero acabarlo. Porque se que he llegado al final, y ese es el momento en que sentí que me abatiste. No puedes hacerme esto, no puedes hacerme acabar en dos páginas. Las dos semanas que me hiciste vivir no pueden acabar así. Que jodido que eres, viejo. Lo peor es que dijiste tantas cosas malas sobre mí. Supiste cosas que yo mismo haría. Me dijiste cosas que nadie me había dicho a la cara. Y seguí contigo. Y ahora, después de joderme me quieres hacer acabar en dos páginas. Qué será de mí después de esto. Cómo podré llegar a sentir ese Gauloises entre mis labios, como podré apreciar el calor del mate al bajar por la garganta. Ese mate que siempre deseé probar de manos de la Maga, de Talita, Geprekten o Don Crespo. De Etienne, Ronald, o Wong. Ahora sin embargo solo tengo mi tabaco de liar y mi té inglés. Me has sacado. Ahora arrastraré tus palabras. Buscaré solución a tus incógnitas. Verás, tu me dijiste que buscaba algo que no sabía si encontraría, pero mientras mi mente se iría tras ello. Me hiciste volver a Argentina. Vos me arrancaste de los brazos de la Maga, sólo para que en esos momentos me diera cuenta de lo que quería a ese desastre venido del Montevideo. Que jodido eres viejo, ir a mamarla. No sabrás que cincuenta años después de que derramaras en papel toda tu caña y tabaco francés. Tanto tiempo después de ese cincuenta y poco. A mí precisamente, al que no conociste, al que no te importa, al que le pintaste una vida que duraba sólo dos semanas, y que lo quieres matar en dos páginas. Saber que ya no me importa saltar de la ventana, dejar caerme a esa rayuela que sólo un loco como tú pudo pintar en el patio. Dirigir mi última mirada a Traveler y a Talita, a los que tanto mal me hiciste hacerles. Oír los gritos de la Cuca, sabiendo que realmente piensa en lo que le iba a costar limpiar el patio. Lo que me va a costar a mi limpiar estas dos semanas, señora. Por eso prefiero saltar, viejo. Me da igual lo que hace unas décadas planeaste que sería mi final. Me importa un carajo. Yo salto y lo mando todo a la puta. ¿no era eso lo que querías?. Pues ahí lo tienes, no se si conseguiré caer en el Cielo, nunca se me dieron bien los juegos de niños. Eso sí, Maga, donde quiera que estés, aunque compartas conmigo el refrigerador, en ésta u otra latitud, que sepas que te quiero, que si no lo dije fue por culpa del viejo. Por eso te escribía, donde quiera que estés ahora, y te dejo así, con tu puro, para que quieto como una foto, no dejes nunca de mirarme mientras caigo. Al fin y al cabo, no es tan difícil, es sólo un balaceo mínimo, y paf se acabó.

Epílogo :
Nota de Morelli

Epílogo contestación: ¿ves viejo? Era lo que querías. Ahora dejáme en paz.

jubilación anticipada

No sirvo para nada, lo siento. Estoy a punto de cumplir los 23 años y ya he dado mi vida por perdida. No creo en eso que vosotros llamáis trabajo. No creo en eso que vosotros llamáis vida. He perdido mi juventud y ahora debo enfrentarme a una edad madura que posiblemente me gusta menos que la fase anterior. Tuve que vivir lo que era ser joven, consumir lo que consumían los jóvenes, hacer lo que estamos supuestos a hacer. Y aun así no estoy contento con haber sido joven. Habría preferido ser niño, para no tener que enfrentarme a la madurez tan pronto.

Cuando miro a la generación anterior, y me refiero a mis padres, veo que tuvieron la mala suerte de tener que salir de la niñez directamente a la edad madura, a tener que enfrentarse al mundo de bruces. Y a mas de uno lo pilló por la espalda y se tuvo que acostumbrar. Sin embargo a nosotros se nos vendió de otra manera, era mucho más fácil creernos jóvenes y libres, cargarnos la generación anterior. Pensar que trabajo y vida eran cosas compatibles, que se puede trabajar y seguir siendo joven. Que todos podíamos vivir en un gran complejo de Peter Pan inducido. Era sano, aunque no para nosotros.

Aun así, ¿alguien se ha dado cuenta de lo que es el trabajo?, ¿alguien se ha dado cuenta que en la universidad nos metimos para eso?, que hemos malgastado cinco años de nuestra vida en estudiar para poder encontrar un trabajo mejor. No nos engañemos, no hay trabajos mejores. El trabajo te enfrenta a la vida, porque te la roba de golpe. Trabajar ocho horas al día, cinco días a la semana (si tenemos suerte), para poder aprovechar los fines de semana, en los que realmente seremos nosotros. Perfecto, de los 23 a los 65 podré aprovechar dos días a la semana para vivir mi vida, el resto no pasa nada, es un bien sacrificable. Es mi vida, pero es sacrificable.

Trabajar tanto tiempo para tener la vida solucionada. Pero cuantos eslóganes de mierda nos han hecho tragar, hasta que nos los hemos creído todos. Para que cuando nos jubilemos tengamos las facilidades de una vida tranquila. ¿Tranquila? Cuarenta años malgastados en cotizar, para lo que nos quede (a unos mas y a otros menos) lo pasemos tranquilamente. Que curioso, la vida acaba a los veintitrés y empieza a los sesenta y cinco. Y entre tanto, trabajar, que también es vida.

Y si podemos trabajar. Porque la generación anterior aún podía mantener ciertas esperanzas de mantener un trabajo de por vida (laboral, por supuesto), pero nosotros… ahora puede ser difícil, pero un despido a los 45 es casi una muerte (laboral, como no). No podremos pagar nuestra casa, nuestro coche, nuestros vicios. No podremos tener que no preocuparnos hasta el santo día que llegue la jubilación.

Pues miren señores, yo no quiero un coche, yo ya tengo mis vicios y viviré en cualquier casa. Es cierto que por ahora he pecado de ser un poco de burgués, y todo esto lo puedo decir por que alguien trabaja por mí. Alguien hace que yo ya esté jubilado. Pero es perfecto. Yo no quiero ser una sanguijuela, pero tampoco quiero ser un problema para el estado. No quiero tener que fingir mi sonrisa cada día al entrar en una oficina de mierda. No sirvo para nada, sólo quiero un sueldo de mierda para mantenerme, para irme con mis amigos del IMSERSO nervioso. Pido poco y daré mucho a cambio. Me apartaré de todo lo que pueda parecer una responsabilidad. Si me dan un subsidio, si me dejan vivir mi vida antes de los 65, que para eso es mi vida, no la de ningún empresario, banco o lo que sea.

Yo ya no sirvo para nada, pero al menos me he dado cuenta antes de llegar a los 23, ahora ya puedo dedicarme a mis hobbies. A todas esas cosas que me gustaron de joven y creía olvidadas. A todo lo que perdí pensando en como sería ser mayor.

cuatro:cuarentaydos

Perdí tanto. Y lo perdí en tan poco tiempo. Perdí una casa, mi coche, mi familia. Perdí mi felicidad, mi estabilidad. Perdí todo lo que quería. En tan poco tiempo. Perdí su sonrisa. Esos momentos en los que paseábamos por el parque apenas conocernos. Esos abrazos antes de que ella se marchara a casa de sus padres. Esos besos. Esas primeras caricias. Perdí el estudiar juntos mientras ella no quería más que juguetear alrededor mío. Perdí las tardes enredados entre sábanas, escondiendo los relojes. Escondiendo los calendarios, sin importarnos si era jueves o domingo. Pero sobre todo la perdí a ella. Bueno, y a él. Perdí en el momento en que nos enteramos en que era definitivo. Perdí tocar su barriga y ver como ella sonreía mientras tocaba mi mano y me indicaba cual era el lugar dónde se sentían mejor las patadas. Perdí sus primeros pasos. Perdí los momentos en que el agarraba mi dedo tan fuerte que yo pensaba que sería de mayor luchador de boxeo. Pero sobre todo perdí mi felicidad. Perdí el ver por primera vez las llaves de nuestra casa. Mientras ella me cogía del brazo, me lo apretaba fuerte y me besaba suavemente en el hombro. La vez que cruzamos el umbral con él en el carrito. Perdí los planes que hicimos para decorarlo, aunque sabíamos que el dinero no nos llegaba. Esas noches en los que en nuestra habitación sólo había un triste colchón y los lloros de un niño. Perdí la certeza que ella era feliz con todo ello. Perdí saber que yo era feliz con ella. Y lo perdí todo en tan poco tiempo. Cuando todo era bonito y me levantaba por las mañanas, la besaba y poco después me iba a su cuarto, para ver que dormía. Intentando no despertarlo pero observándolo hasta que sabía que llegaría tarde. Que llegaría tarde pero que nadie podría quitarme la felicidad de ese momento. Perdí las reuniones de amigos, en las que dejábamos a los niños corretear y nosotros hablábamos durante horas de lo difícil que era llevar todo adelante, en lo que todo cambiaba. Y nosotros lo sabíamos, pero también sabíamos que era lo que queríamos. Todo lo que queríamos y, en definitiva, todo lo que he perdido. Sé que a mis padres les dio rabia. No les gustó la vida a la que jugábamos. Pensaron que no estábamos preparado para eso. Pero aún así nos tenían tanta envidia por ser lo que ellos no habían sido. Porque nosotros íbamos a ser lo que ellos no fueron. Íbamos. Porque todo se fue. Se perdió el día en el que tu te acercaste a mí y me pediste fuego y yo, ilusionado solo pensé en buscar en mis bolsillos para encontrarlo. Lo intenté, pero tu te giraste impaciente y te fuiste a por el chico que estaba esperando junto a la máquina de refrescos. Traté de decirte que me llamaba Javier, que vivía por esta zona, pero que nunca te había visto. Pensé en preguntarte cómo te llamabas, que si querías que fuéramos a pasear por el parque, que si querías abrazarme antes de entrar en casa de tus padres, algún beso quizás. Pero tú no me oíste, tampoco es que me esforzará en repetírtelo. Sabía que tu ya te habías marchado a por el chico de la máquina de refrescos. Y quizás te gustarían los paseos, los abrazos antes de entrar en casa de tus padres y los besos. Pero los suyos, no los míos. Si supiera que él iba a ofrecerte lo mismo que yo, te habría dicho todo lo demás que pensaba. Pero era demasiado tarde. Fue poco tiempo, pero el suficiente para perderte. Pero para mí seguirás ahí diciéndome que no te importarían mis caricias, ni corretear alrededor mío mientras estudiamos. Siempre estarás ahí diciéndome que soy todo lo que necesitas. Y yo siempre me oiré diciéndote que eras todo lo que necesitaba.

resumen de una vida (incompleto)

abrir los ojos. Llorar. Reír. Te cogen de un moflete. Una palabra. ¿mamá? ¿papá? ¿importa? Levantarse. Caer. Levantarse. Un paso. Una sonrisa. Un compañero de juego. Plastilina roja. Un tobogán. Subir. Bajar. Subir. Reír. ¿otra vez? Un pájaro. Un guau que se convierte en perro. Nombres engañosos para cosas reales. Una hoja. Un gusano. Una recomendación. No te metas eso en la boca. No. No. No. no. ¿y porqué no? Responder. Responded. Silencio. Una chica. Un guiño. Un cosquilleo en el estómago. Es como... es como... no se. No se. Explícamelo tu. Yo no se de estas cosas. Alguien a quien seguir. Alguien a quien perseguir. Alguien quien ser ¿quién? Elige tu. Música. Bebida. Un beso. Mi cabeza da vueltas. ¿la música? ¿la bebida? ¿el beso?. Despertarse. Soñar con algo nuevo. Repetir la vida en una cama. Vivirla como quieres. Vivirla como no quieres ¿una pesadilla? ¿acaso no hay cosas en la vida que dan más miedo que en sueños? Caerse. Sangrar. Alguien dice la saliva cura. ¿un beso es saliva? Siempre pensando en lo mismo. La vida se vuelve borrosa. Luces. Ojos. Necesitas unas gafas. Ver la vida a través de unos cristales. Una nueva vida. Aprender de nuevo. No son las gafas. Son sombras a través de pantallas. Peceras. Televisiones. La vida pintada en puntos de colores. Un diario. Escribir para olvidar. Escribir para recordar. La vida en impresiones. La vida en expresiones. Nueve números. Una letra. Ahora soy alguien. Alguien entre alguienes que no son nadie.

gracias

¿Sabes? Por primera vez en mi vida me creí a mi mismo. Pensé que lo que escribía era cierto. Que a pesar de pasar de mí, lo que había escrito allí al fin y al cabo era yo. Aunque supiera que era ficción, sabía también que tenía gran parte de real. Yo lo sabía, pero aún así me creí. Me creí cuando a tu personaje le decía las cosas. Me vi en esa situación. Una situación que había creado yo, pero que era tan real. Porque tu no sabías lo que en la historia había de real. Por eso puede que me creyeras. Pero tuve que revisar el papel varias veces para darme cuenta de que podías creerme. De golpe supe que, de esa forma, todo lo que te había dicho era real. Porque tu me creíste. Porque tu no sabías que en ese momento no me creía. Y eso es lo que me hizo pensar en que era real. Comencé a ser mi personaje, a pensar como él. O pensar como estaría él después de haber dicho lo que dijo, aunque yo le empujara a hacerlo. Me sentí tímido, a veces incómodo. Nervioso y expectante. Vi cosas donde no las había. Vi cosas que solo podían ser la secuela de la historia, que yo escribí. Que ambos creímos. Empezamos a seguir el juego, a construir una historia en la que no sabíamos si éramos los personajes. No sabíamos quién había creído a quién. Sin querer seguí jugando a ser él. Volví a escribir mientras dormías. No supe ver que eso me convertía más en él. Pero yo me creía ciegamente y eso no me importaba. Traté de decírtelo, de reconocer que era un personaje. O de desvelarte el principio de todo. Para que tu dejaras, al menos, de seguir en la historia. Pero no te preocupes, por eso te digo esto. Porque un día me miré al espejo y me di cuenta que no era él. Que podría serlo, pero que no lo era. Sin embargo, tengo que darte las gracias por aparecer en la secuela de lo que no fue una primera parte. Gracias por leer de nuevo las cosas que digo. Porque éste que escribe ya no es él, soy yo. De nuevo. Se que él es menos cobarde, pero por eso no lo seré. Y tu ya no tienes que ser ella. Podemos volver a ser nosotros. Podemos volver a ser los de antes. Olvidando que todo esto ha pasado. Que durante un tiempo llegamos a pensar en las cosas que un loco escribió. Y esto que escribo no es una historia. Y quizás esto no lo leas nunca. Puede que esto no lo sepas nunca. Porque no te diré una palabra. Lo sé. Pero gracias por creerme.

arturo D bandini

Abrí el libro. Mis ojos recorrieron las palabras. Todo era más fácil que lo que es enfrentarse a esta página en blanco. Leí tus palabras, víctima de la curiosidad de tu historia de perdedor, sintiendo que me habías embaucado. Pensé en lo impostor que me sentía también, al pensar esas palabras como mías. Al compartir tus sentimientos, tus ansias, tus deseos. Me hiciste aceptar el hecho de que era patético. Pero eso no te salvaba de serlo. Sólo éramos personajes perdidos en épocas diferentes. Busqué entre mis discos para poner música a lo que contabas, para poner la música que tus palabras merecerían si yo fuera el que las hubiera escrito. Y al oírlos evocaron más de lo que tú habías hecho. Mi cabeza flotaba más allá de tus palabras diciéndoles si no son las mías, yo construiré las mías. Pensé en perdedores, en locos que defienden sus ideas más allá de la cordura. Aquellos que algunos llamaron un día genios, pero que nacieron como tú y como yo, perdedores. Unos fueron genios otros seguirán con sus deseos más allá de lo que hicieron. Y todos viviremos incomprendidos en épocas diferentes. No te admiro, al igual tú tampoco lo haces. Somos de tiempos diferentes, recuerda. Mientras, yo vivo sus palabras también como lo hice con las tuyas. Viven la inquietud de ser alguien un día. Y algunos lo consiguieron, y otros simplemente jugaron mal. Jugaron a ser alguien que ya había sido. Se recrearon en ser los perdedores de otra época, a revivir sus fracasos, a hacer realidad los sueños que ellos tuvieron. En tiempos distintos, pero los mismos al fin y al cabo. Y de reojo miro mi vieja máquina de escribir y pienso en todas las palabras que te escribiría si estuvieras aquí, a mi lado. Porque pese a la distancia, no tendría el valor para decírtelas. Pero las letras de mi máquina se han salido de sitio, como la cabeza de los que en una época, y en ésta época decidimos, por nuestra conciencia, ser perdedores. Y oigo en la noche como me pides que sonría y yo no te hago caso. Porque ya no te oigo. Porque por más que pidas, jamás la verás. No la misma. Porque ahora mi sonrisa también juega. Disfruta sabiendo que es la sonrisa del que nunca fue. O la sonrisa del que siempre quiso ser. Jugando a ser alguien que no soy. Sabiendo que soy un perdedor. Ya nunca jugaré a ser yo y reiré repitiéndote desde la distancia que tú no sabes nada, que yo soy Bandini, el genio Bandini.

perdón

Lo siento si te he causado una buena impresión. Siento ser parte y culpable de aquello que crees que soy. Siento las palabras que dije y todo aquello que de mi sacaste. Puede que no fuera lo que quería decir. Puede que volviera a construir un personaje, suelo hacerlo. Es una pequeña constante en mi vida. Tal que ya no se hasta que punto llega. Ya no se que personaje soy, ni hasta que punto estoy viviendo dentro de el. Quizás lo haya sido toda mi vida y me niegue. Quizás tú hayas sabido ver, lo que realmente forma parte de mí. Pero me siento un mentiroso, un actor de teatro, un pintor abstracto que pinta mal pero presenta bien sus cuadros. No soy lo que quieres. No soy lo que nadie debería querer. Forma parte del odio a mi personaje. ¿Ves? Puede que lo esté haciendo de nuevo. Negarme, las veces que sea necesario, para quitarle plomo a la careta. Pero a veces siento que debería apartarme de todo el mundo. Y eso quizás te incluya a ti. Para dejar de jugar a ser el personaje. O para construir otro más fácil de sobrellevar. Otro al que no admires tanto. La misma base, diferente contenido. Pensar nuevos diálogos de una obra inacabada, con un solo final posible, la locura. Presa de un juego contínuo, el del fénix mitológico, pero formato talibán, inmolándome para poder salir de mis cenizas de nuevo. El problema es que a veces no pienso en la gente de mi alrededor. A toda aquella a la que hago daño. Aquella que ha creído en alguna ocasión en uno o varios de mis personajes. Es parte de no creer en nada, tanto que no creo ni en mí mismo. Y lo siento, y lo diré mil veces. Aunque no me lo crea, aunque con ello me perdones o comprendas al nuevo, y vuelva a caer en la nueva trampa, esa de la que nunca saldré. Si tú no me ayudas. Porque yo ya no se por dónde salir. Y quizás todo esto era una disculpa o una llamada de auxilio. Depende de cómo lo quieras mirar. Depende de cómo me hayas creído.

comunicación audiovisual

No nos quieren para nada. Lo saben, no nos lo dicen, pero nosotros caemos una y otra vez en su trampa. No tenemos nada que aportar para ellos, pero nos hacen creerlo. Pensamos por una vez que éramos mejores que ellos y por eso elegimos formar parte de esta carrera. Éramos parte de la elite, desgraciadamente, y podíamos acceder a cosas que la otra gente no hacía. Sin embargo, nadie nos explicó que era para apartarnos de la circulación.

Pensando que seríamos los mejores, consiguieron que aspiráramos a no ser nada. Comunicación audiovisual, me río. Un invento hecho para que gente intente llegar a ese mundo de la cultura, ya sea la televisión, el cine u otros contaminantes que al fin y al cabo no son más que productos estúpidos (algunos mejor servidos que otros) para poder ser un payaso para el resto de la gente. Sabíamos que significaba la tele desde sus principios, nosotros la creamos para el entretenimiento y aun así pretendemos que cuando nosotros lleguemos, por fin, si llegamos, a estar en ella, la historia sea diferente a lo que nos creemos. Seremos una cara conocida, saldremos en algún programa, presentadores, invitados o en alguna línea de los títulos. La gente desde su casa podrá vernos, seremos esos “casi” famosos. Tendremos que intentar sobrevivir a las modas, para mantenernos “en antena”, sea como sea, porque sabemos que la televisión es competitiva, porque sabemos que la tele esta hecha para entretener. A ellos, y a nosotros.

Estudiantes que pensamos que seríamos algo y solo seremos victimas de nuestro propio juego. La televisión no solo da trabajo a aquellos que pueden entretener, sino que quita de en medio cabezas que en, otras situaciones podrían llegar a ser algo, o nada. Y les entrega el caramelo con el que les dice que si algún día salen en tal o cual programa habrá sido su recompensa, como si uno llegara y supiera que nunca se irá de allí. Aun así, pensamos que es nuestro sitio y no nos damos cuenta de que estamos ahí para entretener, para hacer todo aquello que la audiencia quiera y la cadena permita. Los bufones de la corte, nosotros que podríamos aspirar algo en la vida. Ya la cagamos con esa separación de “letras” y “ciencias”, pensamos que siendo de letras se nos permitiría no tener un trabajo duro, que lo nuestro sería creativo, libre, flexible. Mentiras, ocho horas de trabajo lo son de cualquier manera y excepto la gente que se arriesga y busca trabajos independientes, el resto seremos igual de libres que los demás: nada.

Pero, mirémonos, es quinto año deberíamos estar felices de acabar con todos estos cinco años en los que nos hemos convencido de que, a lo mejor no era lo nuestro, pero que intentaríamos hacerlo lo mejor posible. En el tiempo en el que renunciamos a algunos de nuestros primeros sueños y nos resignamos porque nos han explicado durante un lustro que alcanzar nuestros sueños es difícil. Que trabajar ya no es trabajar en lo que amas, sino llegar a amar aquello en lo que trabajas. Un matrimonio de conveniencia, una patochada. Mentiras que se cuentan a adolescentes que siguen viviendo de sus padres, y que a los veintidós años ya están completamente anulados, absorbidos por la gran masa. Ya no son soñadores, ya no importa que tuvieran las máximas notas de la facultad. Ya son partes del engranaje, se les ha encontrado un sitio en nuestra sociedad y encima no nos ha llevado más de cinco años (tiempo que el trabajo da de plazo a los indecisos o también llamados universitarios). Un plan perfecto, ellos contentos, todos nosotros contentos. Son los bufones de la corte y han aceptado libremente colgarse el sombrero y hacer sonar el cascabel. Y saldrán por la tele, para que los veamos todos y nos divertirán, y ellos se sentirán importantes. Y nadie se acordará de que todos teníamos sueños. A nadie nos importará, porque ya estaremos subidos al carro. Y a partir de ahora, solo os deseo un buen viaje.

ser diferentes

No es fácil ser diferente, y cada vez menos. El nuevo orden nos ha creado diferentes iguales, ya no se puede escapar a la norma. Hagas lo que hagas estarás dentro del sistema. Ya no vale estar en contra, el nuevo mercado está preparado para todo. Para las ganancias extremas y para las pérdidas extremas. Para los picos sociales que desbandan en cualquiera de los sentidos, todos somos al fin y al cabo reconducidos a la masa de nuevo. No nos engañemos, consumir música o cine del que nosotros pensamos “de calidad” no es escapar a nada, el mercado ya estaba preparado para eso. Por eso los productos minoritarios están pensados para pequeñas masas que pueden ser controladas desde sus puntos. Se nos tiene contentos al pensar que culturalmente o socialmente, elegimos cosas que no están dentro del circuito. Pero no es así, por más que cueste pensarlo una película de artista, de bajo presupuesto, está pensada para estas pequeñas masas que, aprovechando medios de comunicación, o sistemas alternativos de difusión, acaben siendo modificados igualmente. Hasta los festivales de cine más independientes no son sino campañas publicitarias tal como lo puede ser un mega estreno en la Gran Manzana, simplemente que a un diferente nivel.

Que el público de X sea Y, y el público de A sea B, no significa la diferencia, ambos utilizan el medio C para llegar de unos a otros. Y ese método es el que establece el mercado. La ecuación es diferente, pero los resultados siguen a escala. Matados todas las filosofías, organizadas todas las tribus urbanas (para todos aquellos jóvenes que no encontraban un lugar), cada uno tendrá un nuevo lugar. Productos especializados para cada masa, para evitar que cada uno de sus individuos sea contrario, sino que uniformemente diferente.

Hace unos años se nos vendía internet como la llave de la democracia. Mentira. ¿Qué problema hay con que millones de personas se expresen libremente si van a seguir haciendo lo que la masa quiere? Es simplemente una concesión para creer que de alguna forma somos más libres, a la hora de expresarnos, a la hora de mostrarnos. Pero nos creemos iguales que otros millones de personas, somos igual de demócratas. Estamos igual de vendidos.

No voy a venir a contar que hay una mano que mece la cuna, que, como en todos esos libros que leímos, las empresas multinacionales son las malas y nosotros somos las víctimas. Sabemos lo que hacemos, nadie nos quita la libertad de decidir, y aun así nadie se sale del camino marcado invisiblemente. Cualquier situación extrema es ridiculizada por el Medio, de forma que la gente se ríe de ello. Aunque un día en el futuro se convierta en la norma. Da igual, para ese día ya no lo recordaremos, seguiremos pensando que están desviados (Y pensara que B esta equivocado, y viceversa), y nos reabsorberemos continuamente. Seguiremos sus modas, oiremos sus músicas, y quien quiera podrá no salir de casa, taparse los oídos. Pero al resto nos dará igual, no formará parte de la rueda, habrá quedado automáticamente fuera. Recordad: controlan a los que salen. Y si no quieren volver a entrar, allá ellos, ¿cuánto dura una persona? ¿un pensamiento? Y, ¿cuánto dura un sistema?

No voy a decir que nuestra tarea es derrocar al monstruo, convertirnos todos en anarquistas (anarquistas de mercado por supuesto) e instaurar un cambio. Es imposible, estamos ante el gran enemigo: nosotros mismos. Ellos han sembrado la lluvia y nosotros somos la tempestad. A partir de ahora, reconocerlo con la cabeza alta, no os avergoncéis. Somos la masa, decid a vuestros vecinos, nunca más seremos diferentes. Y creeros felices, por que ¿acaso no lo éramos antes? Por que, ¿acaso os pensabais que mi mensaje iba a cambiar vuestras vidas?

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